lunes, 16 de enero de 2012


lunes 16 de enero de 2012


EN GALICIA NI EL VIENTO ES NUESTRO




ENTREVISTA: ISAAC DÍAZ PARDO Intelectual y artista gallego

"¡En Galicia ni siquiera el viento es nuestro!" (25/11/2006)

JUAN CRUZ - Santiago - 25/11/2006
ES DE HACER NOTAR QUE ISSAC DIAZ PARDO DESDE ADOLESCENTE ERA AFILIADO A LAS "JUVENTUDES SOCIALISTA UNIFICADAS", TAL COMO LO DESCRIBE EN ESTA ENTREVISTA".
EL SECRETARIO GENERAL DE LAS JUVENTUDES SOCIALISTAS UNIFICADAS EN GALICIA ERA" PEPIN EL DE LA LEJIA".
LO SUBRAYO PARA QUE NO PASE DESAPERCIBIDO, COMO TANTAS OTRAS COSAS, YA QUE EN GALICIA ,COMO ISSAC BIEN DICE ,NI EL VIENTO ES NUESTRO..


La cara de Isaac Díaz Pardo tiene el aspecto de un puño amable. Sus ojos son penetrantes, parecen taladros. Tiene 86 años, es un intelectual gallego que vivió desde chico pendiente de la República, del exilio y de Galicia. Ahora cree que Galicia está mejor, pero sigue escarallada, estropeada. Hace poco perdió el poder sobre la principal de las empresas que creó, Sargadelos, un emblema de la industria cultural gallega. Está convencido de que se la quitaron haciéndole una trampa, y cree que la va a recuperar. Continúa siendo editor, está al frente del Instituto Galego de Información, lleva adelante el Seminario de Estudios Galegos... Y está alerta. Su historia es una metáfora de lo que le pasó a este país cuando se rompió en el 36. Su padre era un liberal republicano, cristiano, cartelista; fue asesinado nada más empezar la contienda. Su madre se volvió loca después de ese suceso. Él escapó del destino siguiente, cuando tenía 15 años, disfrazado de ciego. Hizo relaciones con los exiliados gallegos, les ayudó como empresario y como promotor, y desde los años sesenta fue un referente del galleguismo.


"Es necesario recuperar la memoria, porque lo que se hace sin memoria constituye un mundo falso (...). ¡Se recupera la memoria para que todo quede en su sitio!"
"La gente que está gobernando hoy está eliminando bastante ese carácter bronco o difícil de España, que tiene ideales y que tiene sangre"
Pregunta. ¿Cómo ve la vida?
Respuesta. No se puede hablar de la vida sin hablar de la Guerra Civil. En este país, y en toda Europa, para hablar de lo que pasa hay que acudir al 36, cuando el pueblo español se dispuso a luchar contra los regímenes totalitarios. Europa se los quitó de encima, pero a nosotros nos cayeron 40 años de silencio, que aún llega hasta nosotros, La desmemoria aún nos persigue.
P. ¿Qué consecuencias tuvo para usted esa guerra?
R. Quedé sin padre, mi madre perdió el sentido, me tuve que esconder, no pude estudiar. Todas las consecuencias.
P. A su padre lo asesinaron...
R. Lo inmolaron, me gusta decirlo así. Todo lo que pertenecía al Frente Popular quedó eliminado, y fue eliminado el Partido Galleguista. Una orden que dio Mola decía que no había que tener piedad con ellos.
P. Pero su padre no era un revolucionario.
R. El revolucionario era yo. Pertenecía a las Juventudes Socialistas Unificadas. Por eso no me llevaba demasiado bien con mi padre. Él era galleguista. Era un escenógrafo. Era delineante en el Ayuntamiento de Santiago. Pero a mí no me gusta hablar de estas cosas; hay que recordarlas, pero no pueden interrumpir el futuro. Es necesario recuperar la memoria, porque lo que se hace sin memoria constituye un mundo falso. Pero eso no quiere decir que deba haber una revancha. ¡Se recupera la memoria para que todo quede en su sitio!
P. Quizá no se ha explicado bien cuál es el propósito de la memoria histórica.
R. Hubo cuarenta años de prohibición de la memoria, y aún hoy lo padecemos. Esta chica [Begoña Soneira, investigadora en el Instituto Galego de Información, y que nos acompaña] ha escrito un libro sobre los arquitectos gallegos en la Guerra Civil y en el exilio... Tuvieron una dificultad muy grande: los pintores podían seguir pintando, pero otros no podían ejercer sus oficios: eran exiliados, o represaliados, no tenían título. Esa gente merece un respeto, su memoria.
P. Recuperémosla, pues. Usted hizo a los 15 años, en el 36, un enorme cartel en la plaza del Obradoiro: un sí a la autonomía. Luego llegó la guerra y el miedo.
R. Un amigo de la familia nos llamó el día después de que mataran a mi padre. Nos dijo que me escondiera, que venían a por mí. Salimos hacia A Coruña; iba con una gorra calada y medio disfrazado. Podían creer que era un ciego.
P. Se quedó, pero su relación fue con el exilio.
R. Cuando salí del escondite trabajé en un taller de pintura industrial; luego me fui a Madrid, cuando se pudo entrar allí, estudié Bellas Artes, y enseguida mantuve una relación constante con el exilio. Creé la industria, hicimos una fábrica en América, en torno a 1963 yo era ya un gozne entre los exiliados y Galicia. Creamos Edicions do Castro, pero no podíamos publicar aquí... A lo largo de los años se fueron haciendo más cosas, y hemos llegado a publicar, entre otros textos, más de doscientos documentos sobre la guerra civil y el exilio...
P. ¿El silencio que impuso el franquismo produjo melancolía o más ganas de lucha?
R. Nunca perdí el espíritu de lucha. Contra las dificultades hay que luchar, hay que aguantarlas, aunque te tengas que callar... La lucha por la memoria histórica forma parte de esa actitud. Tenemos enemigos por todos lados, y entre ellos los más terribles son los del lado negro de la reacción.
P. Ese sector trata de hacer llegar el mensaje de que la guerra civil era necesaria.
R. Exacto, y si pudieran eliminarnos todavía nos eliminarían.
P. ¿Cómo está Galicia?
R. Galicia lleva siglos abandonada. Desde Felipe II. No hubo respeto para Galicia. Se quedó sin una entidad que la uniera. Eso todavía lo arrastramos. Cuando me preguntan digo que Galicia es una nación, una nación escarallada.
P. ¿Y qué tendría que pasar para que esté menos escarallada?
R. Tendrían que pasar muchos años, para que tome conciencia de su ser, de su historia y del desarrollo de su economía. ¡En Galicia ni siquiera el viento es nuestro! Casi todas las empresas que se crean liquidan en Madrid, y los de Madrid todavía dicen: "Bueno, es que Galicia no cubre sus necesidades presupuestarias, hay que ayudarla". ¡Pero cómo las va a cubrir si se lo llevan todo a Madrid!
P. ¿Le parece bien este Estado?
R. El republicanismo siempre fue federal. Cuando se hizo la Carta Magna la República iba a ser federal. ¡Pero se hizo federable, porque se adelantaron los catalanes: "Aquí estamos nosotros, que venga el Gobierno de Madrid a hablar con nosotros". En este país siempre ha habido diferencias, los Reyes Católicos no llamaban a esto España... España era una entelequia, un nombre que pusieron ahí los borbones...
P. Éste es un momento complicado...
R. Mucho. Vamos a ser invadidos por África. Otra vez. ¡Los árabes han estado aquí más que los españoles! Eso va a pasar...
P. Y tenemos este asunto del proceso de paz.
R. Lo veo bien, pero con dificultades. Creo que está bien lo que está haciendo Zapatero. ¡Y de momento ETA evita que haya muertes! Querer romper esas supuestas negociaciones por el gusto de romperlas y que esta gente vuelva a matar no me parece nada bien. No hay que olvidarse de que hubo víctimas, pero hay que mirar al futuro. Y el futuro es que no haya enfrentamientos. Si los dejamos crecer todo será mucho más grave...
P. Usted es un promotor cultural. ¿Cómo ve la cultura?
R. Demasiadas cosas llevan el nombre de cultura... En la época republicana había un espíritu de la recuperación de la cultura que machacaron, y mataron a mucha gente. Un símbolo: se cargaron el Seminario de Estudios Galegos. Ahora lo tenemos aquí.
P. Dice el poeta Ángel González que la historia de España es como la morcilla: se hace con sangre, se repite...
R. Sí, hay esta historia de que somos violentos. Pero eso no quiere decir nada. La gente que está gobernando hoy está eliminando bastante ese carácter bronco o difícil de España, que tiene ideales y que tiene sangre. Si duran unos cuantos años mejorará el país, pero yo no lo veré.


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domingo 15 de enero de 2012


 ISSAC DIAZ PARDO PERTENECIA A LAS JUVENTUDES SOCIALISTAS UNIFICADAS., DE LAS CUALES EL SECRETARIO GENERAL ERA" PEPIN DE LA LEJIA " Y LUEGO, EN BUENOS AIRES SE LLAMABAN CORRELIGIONARIOS, COMO SE DECIA EN ARGENTINA EN ESA EPOCA, QUE FUE PARA TODOS TAN DOLOROSA  POR EL EXILIO Y A LA VEZ TAN ENTRAÑABLE.ENTRAÑABLE POR TODO LO QUE DIO ESTA CIUDAD DE BUENOS AIRES A LOS TRISTES Y DOLIDOS ESPAÑOLES

FALLECE A LOS 91 años el galleguista Isaac Díaz Pardo

XOSÉ MANUEL PEREIRO | A Coruña 05/01/2012
Isaac Díaz Pardo, fallecido esta mañana en A Coruña, nació hace 91 años en esa misma ciudad, en la Rúa das Hortas. Era casa familiar, taller artístico de su padre, Camilo Díaz Baliño, y sede de encuentro para sus amigos y correligionarios galleguistas, muchos de ellos los que figuran en los libros de historia en el lado de las víctimas, muertos o exiliados. En julio de 1936, Camilo Díaz fue paseado y su hijo tuvo que esconderse unos días hasta que pudo salir de Santiago. Hace poco, en una entrevista para la Comisión da Memoria Histórica, recordaba como el coche de línea que lo llevaba a A Coruña paraba cada poco porque había muertos atravesando la carretera. "No los dejaban en las cunetas, los ponían a la luz para meter más miedo a la gente".
Aquella condición de superviviente marcó su vida con una misión: recordar a los muertos y llevar a cabo los sueños por los que los mataron. Por eso, con 28 años, después de estudiar arte en Madrid y Barcelona, dio por terminada la prometedora carrera pictórica que había iniciado cuando volvió a Galicia. Era competir con aquellos que habían perdido la vida o su país y había cosas más urgentes que hacer, venía a decir, en traducción aproximada de lo que eran sus respuestas, evasivas e irónicas, cuando se le preguntaban las razones. Igual que el que sería su socio, Luis Seoane, quien puso todo su talento al servicio del activismo galleguista y de izquierdas, Díaz Pardo se impuso la tarea de, como decía Feijóo, preservar, fortalecer y reconstruir la cultura y la memoria de Galicia. Acometió a la vez las facetas de empresario cultural, diseñador industrial, escritor, editor, promotor y mecenas de proyectos. Llevó a cabo todas, con éxito notable, salvo -como lamentó él mismo en varias ocasiones- la de crear el periódico Galicia.
Era un hombre de una austeridad y una humildad proverbiales, como hacía patente con el encogimiento de hombros y los murmullos - "soy un limpiamierdas y un soplagaitas", se autodefinió varias veces- con los que sobrellevaba/agradecía los numerosos homenajes que le hicieron. En uno de ellos, hace varios años en Ourense, le impidieron la entrada, y Díaz Pardo se dio la vuelta sin aclarar que él era el homenajeado, hasta que lo rescató ya en el exterior, in extremis, uno de los organizadores. Sin embargo, su accesibilidad y buena disposición a colaborar en los muchos proyectos que le llegaban -decía que llegó a editar más de 1.500 libros sobre la memoria histórica- no eran incompatibles con un considerable olfato empresarial. "¿Sabéis que hay un tipo en Coruña que logra fabricar bajo demanda, sin tener que almacenar?", recuerdan colaboradores suyos oírle comentar con admiración, antes de que fuese público el fenómeno de Inditex.
La humildad, la ironía y el olfato empresarial también eran compatibles con una determinación no demasiado proclive a negociaciones o sugerencias. La ruptura con los que fueron sus socios o subordinados en las empresas cerámicas durante décadas tuvo su origen en una de esas decisiones sobre el futuro del grupo. En los últimos cinco años, Díaz Pardo fue perdiendo todas las batallas y con ellas el control de la docena de empresas que constituían su complejo empresarial, ya en declive. Los argumentos morales, la solidaridad del mundo de la cultura y las promesas de ayuda de las instituciones pesaron menos que las razones legales.
Con 85 años, Isaac Díaz Pardo volvió a los orígenes. A lo que habían sido las caballerizas del pazo en O Castro (Sada, A Coruña) de la familia de su mujer, Mimina Arias, que su suegro le había dado para que comenzase su experimento industrial-artístico-empresarial. Allí, pocos metros enfrente de lo que era el complejo de O Castro, centro de toda su obra, primero se dedicó a afrontar los litigios judiciales y después, cuando acordó ceder su importante legado artístico y documental a la Cidade da Cultura -otra decisión que causó polémica en su entorno-; a preparar y archivar todo el material, otra de sus obsesiones. Para vivir -ni siquiera estaba afiliado a la Seguridad Social- vendía cuadros y dibujos que había hecho antes de clausurar su carrera de artista.
El pasado 22 de diciembre, ingresó en el Hospital San Rafael de A Coruña a causa de una neumonía. Pedía a las enfermeras que alejasen las visitas cuando eran muchas ("¿Y cómo hago?", le preguntó una. "Repártelas", respondió) y a los médicos que le diesen "pastillas para morir, que las que me dan son para vivir". Desde hace varios años, confesaba como si tal cosa en las entrevistas: "Tócame morrer. Xa están a morrer todos, xa non queda ninguén". Desde hoy a las 8.30, ya ni él.